domingo, 1 de abril de 2012

Volando en Jurassic Park

El 15 de marzo agarré de nuevo mis maletas, parapente, pasaporte y para Brasil. A veces me parece increíble que para ir a un país que tenemos al lado haya que viajar casi seis horas en avión, pero así es.
Pedí un taxi a Móvil Enlace, y el chofer me dijo gentilmente que me debía el aire acondicionado. Yo pensé que me iba a ahorrar algo por la sudada, pero no fue así.
El aeropuerto estaba tranquilo, el empleado de Tam que me tocó en la taquilla peló los ojos cuando montó el parapente en la balanza, pero yo no dejé de sonreír y él tan amable no me cobró por el sobrepeso.
Siempre pido ventana y una vez en el avión, me dispuse a dormir, o eso intenté. En Tam como que tienen su horario propio y se les olvida que los mortales dormimos de noche pues no apagaron nunca las luces. Para rematar, dos niñitas se pusieron de acuerdo para llorar todo el vuelo y ni sus madres, ni quienes estábamos cerca, pudimos conciliar sueño.
Al llegar a Sao Paulo, dormí un poco en unas sillas y junto con los demás pilotos venezolanos, tomamos el avión a Vitoria. Una vez ahí, empezaba otro viaje a Castelo: taxi a la estación de buses, bus a Cachoeiro y taxi hasta Castelo... ufff, y es el país de al lado.

Castelo es único
Es la tercera vez que vengo a Castelo. Estuve dos veces en 2008, una en el panamericano y otra en la copa del mundo. En ambas ocasiones, hice unos vuelos increíbles y en el panamericano quedé de segunda, cosa que me hizo muy feliz.
Nunca había volado en un lugar como éste: hace un calor húmedo impresionante pero el paisaje es único. Imagínense volar sobre un lugar verdísimo de donde salen cientos de panes de azúcares como el de Río de Janeiro y aún a 1500 m, hace calor. La primera vez que vine y volé sobre esas piedras gigantes de granito, me provocaba abandonar la carrera e irme a explorar ese paisaje. Mientras volaba, pensaba que iba a ver a un tiranosaurio correr o que me iba a encontrar a un terodáctilo en una térmica. Si alguien me pregunta cuál es el lugar más bonito en el que he volado, éste encabeza la lista.
Las condiciones en Castelo generalmente no son las épicas que nos gustarían para volar 100 km, pero las térmicas suaves, el calor, la humedad y el viento que a veces friega las cosas no importan cuando se vuela sobre Jurassic Park.

En cualquier momento sale el terodáctilo


¿Y el sol?
Brasil nos recibió con cielo gris y mucha lluvia. Tenía días babeándome frente a la computadora con las fotos que publicaban en Facebook los pilotos que tenían una semana volando. Ahora pienso que fue un engaño, photoshop y Murphy que es una rata.
Luego de instalarme y descansar, pensaba que me iba a despertar bajo un sol radiante y calor inclemente, pero no! Llovía y llovía. El día de práctica no existió y no vimos el sol durante varios días.
El lunes, la lluvia hizo una breve pausa y subimos al despegue para matar el tiempo y hacer un mini vuelito de 15 minutos.



Aventura fangosa
El martes, no se voló pero la organización puso unos transportes y opciones de paseos para los pilotos. Junto a otros pilotos, me decidí por pasear a una cascada e iniciamos el paseo. El camino estaba bastante embarrado y la van parecía una banana de esas playeras deslizándose por ríos de barro. El chofer tenía algún tipo de apuro y le hicimos saber que nosotros no. Todos en el carro aprendieron una palabra nueva en portugués: ¡devagar! (lento)
Lo de la banana fue la parte ligera del paseo, ya que luego empezó un deporte extremo que no me gusta: subidas empinadas y embarradas. Íbamos en esa van aferrados a los asientos y con la puerta abierta por si las moscas para poder saltar.
El camino se hacía interminable y cuando nos dimos cuenta estábamos nada más y nada menos que en el despegue. Sí, el despegue, bajo la lluvia... Le preguntamos al chofer qué rayos hacíamos en el despegue y nos dice que a él le dijeron que nos llevara ahí y luego a la cascada. Dentro de mi lógica no cabía el ir al despegue sin parapentes y bajo la lluvia, pero bue...
Ya no nos quedaba sino reirnos de la situación, así que le pedimos que nos llevara de regreso a Castelo e iniciamos el descenso por el tobogán fangoso.

Primera manga
El miércoles 21, el sol como que se dio cuenta que había gente queriendo volar, así que dejó de marmotear y salió con toda su fuerza. Cuando les digo que salió, es que salió con una temperatura y humedad sofocantes. Por suerte, justo antes de irme, la gente de Bioderma me obsequió un protector solar que me cayó como anillo al dedo.
El sol le cambió los ánimos a la gente y antes de las nueve ya estaban todos los pilotos montando sus equipos y sentados en los transportes.
Una vez en el despegue, admiramos el paisaje, preparamos nuestros equipos, buscamos una sombrita y nos dieron una prueba. Era un recorrido de 50,6 km con el start point o inicio de la carrera al noroeste del despegue, luego una baliza cerca de la ciudad de Cachoeiro de Itapemirim hacia el este, otra baliza hacia el sur y el gol cerca de Castelo.
El día se inició bien, despegamos rápidamente y empezamos a tomar altura. Después de despegar, el paisaje es bastante intimidante ya que se toma altura en una laja de piedra inmensa que es mejor no mirar hacia abajo. A medida que uno toma altura, el paisaje es simplemente espectacular con el Forno Grande, la montaña más alta de la zona, al fondo, una cascada frente al despegue y montañas de granito por todos lados.
Las condiciones de vuelo estaban un poco particulares ya que las ascendencias térmicas estaban fuertes y estrechas y conforme se ganaba altura, se ponían turbulentas.
Me costaba mucho tomar altura y al no encontrar ascendencias, me fui con otros pilotos a una ladera que parecía estar funcionando. Lentamente, tomé algo de altura y tuve que replantear mi ruta para hacer el start point ya que la carrera había iniciado. Los pilotos que andaban conmigo se lanzaron entregados a intentar hacer el start y no lo lograron, yo en cambio me apoyé de la cordillera frente al despegue y poco a poco fui avanzando hasta que hice el start. Intenté tomar altura, pero se había metido un viento fuerte en el valle y por cada metro que subía, retrocedía diez. Finalmente logré avanzar hasta tocar el cilindro virtual de la baliza y aterrizar. Para mi sorpresa, como 30 pilotos corrieron con la misma suerte que yo y estaban aterrizados muy cerca.
Al final, el día empezó a nublarse y sólo seis pilotos lograron llegar a gol luego de volar con mucha paciencia. La manga la ganó el venezolano Raúl Penso y Carlos Cordido quedó de séptimo.

Vista desde el despegue con el Forno Grande al fondo

Segunda manga
De nuevo un día espectacular, pero para quienes conocemos el cielo, éste nos estaba advirtiendo que no era tan bello como se veía.
El comité de pilotos estaba bastante optimista y colocó una manga de 72,33 km pasando por Castelo, cruzando hacia Jeronimo Monteiro, luego hacia el oeste de Cachoeiro de Itapemirim y el gol en el mismo valle. La previsión del clima daba viento del oeste, por lo que no entendimos por qué nos enviaban a Castelo ya que volar con esa dirección e intensidad de viento no era conveniente.
Despegué temprano para poder tomar altura con más calma. Llegó el momento del inicio de la carrera y pisé acelerador para avanzar más rápido. Todo iba bien y de repente vi como todos perdíamos altura muy rápido a medida que nos acercábamos a la cordillera frente al despegue, era como si estuviéramos en paracaídas en vez de parapentes. El reporte no se equivocó y había viento del oeste, por lo que la zona hacia donde volábamos estaba enrotorada, es decir, llena de viento descendente y turbulento. Al ver hacia dónde íbamos, y lo peligroso que podía ser, decidí alejarme y buscar ascendencias en otro lado ya que la turbulencia y yo no somos buenas amigas.
No dejaba de perder altura, pero finalmente encontré algo con qué subir. Ya estaba bastante baja por lo que esta ascendencia estaba muy movida por estar mezclada con viento fuerte. La cosa se complicaba más aún cuando somos veinte en la misma situación y todos pelean por subir. El aire desbordaba de testosterona y los pilotos volaban muy agresivos tratando de aprovechar cada soplidito de aire ascendente. Un piloto francés voló peligrosamente cerca de mí en dos ocasiones y me desconcentró bastante. En eso escucho un grito y cuando reacciono, pasa a mi lado un piloto que había tenido una emergencia y bajaba en su paracaídas de reserva. Lo vi hasta que tocó el suelo y el chico cayó en medio de un cafetal sin un rasguño.
En este punto ya estaba desconcentrada y luego de un tercer ataque del piloto francés, decidí que las condiciones no eran seguras por lo que me fui a aterrizar.
Los pilotos que estaban conmigo lograron subir un poco y recorrer unos kilómetros más. Quienes tenían más altura, lograron salir de esa zona con viento fuerte y 50 llegaron a gol. Carlos Cordido llegó de sexto.

Dejando el despegue

Un día de descanso forzoso
Subimos al despegue de nuevo en un día hermoso, pero era evidente el viento fuerte. Colocaron una prueba, pero a lo lejos se veía un frente que venía. Había bastante viento y despegaron los wind dummies que son pilotos que salen antes de que empiece la carrera para ver las condiciones. Estos pilotos mostraron lo que ya sabíamos que había: viento fuerte.
El comité de pilotos decidió esperar a ver si bajaba el viento, y así fue, pero a medida que bajaba el viento se nublaba el cielo y lloviznó. Cancelaron la manga y la mayoría de los pilotos bajaron volando.

Tercera y última manga
El sábado de nuevo el día estaba soleado y con menos viento que el día anterior, pero por ser el último día, se colocó una manga más corta de 60 km. Esta vez el recorrido nos llevaba a volar por dos puntos cerca del despegue para que el público presente apreciara un poco la carrera y luego nos mandaban hacia el este, cerca de Cachoeiro de Itapemirim para terminar en un gol hacia el sureste.
Las condiciones en el despegue al principio estaban dudosas ya que los wind dummies no subían y al abrirse la ventana los primeros pilotos que despegaron se hundían de tal forma que todos nos asomábamos a verlos tratar de sobrevivir.
Finalmente, el día empezó a funcionar y empezaron a subir quienes estaban en el aire. Yo despegué y subí sin problemas, las condiciones estaban buenas aunque fuertes en ocasiones. Se inició la carrera y marcamos el start, la primera baliza y volvimos al despegue, tomamos altura en la piedra y fuimos a hacer la segunda baliza navegando fácilmente. Esta parte tiene que haber sido entretenida para la gente porque éramos ciento y pico de parapentes pegando carreras de un lado a otro.

Buen espectáculo para el público

Volvimos al despegue a tomar altura y aquí me retrasé un poco porque se sentía un cambio de viento y se perdían las ascendencias, pero igual tomé altura suficiente para lanzarme detrás del despegue. Empecé a tomar una ruta hacia la siguiente baliza, pero todos siguieron otra y para no quedarme sola (que se hace más lenta la cosa) seguí al grupo. No me gustó la decisión que tomaron, pero no quise arriesgar a aterrizarme temprano por terca. En el cambio de decisión perdí tiempo y altura e igual me retrasé.
Con un piloto español nos atascamos en una cordillerita, pero trabajando en equipo logramos salir de ahí y continuar hacia la baliza, pero ahora había un detalle y es que el viento se había metido del mar y muy fuerte. No veía a mucha gente volando, pero pensaba que estaban muy lejos. El asunto es que el viento era tal que iba sembrando a la gente, así que tomé toda la altura que pude y empecé a navegar. Lamentablemente, mi tamaño y el ala que tengo no me ayudan cuando hay que pelear contra el viento y toda la altura que gané me dio sólo para marcar la baliza y aterrizar.
Había terminado la manga para mí y para muchos, estábamos aterrizados con un calor infernal, pero la vista que habíamos tenido valía la pena.
Raúl Penso quedó de sexto en la manga y Carlos Cordido de 13 para ubicarse de tercero en la general y disfrutar de un podio en esta primera válida de la copa del mundo 2012.

Cantera de granito

Tenía buenas expectativas para esta competencia, pero a veces se gana y a veces no. Estar en desventaja por no tener un ala competitiva no ayuda en una competencia de tan alto nivel. Con esta nueva generación de parapentes es como llevar un Porsche a una Fórmula 1. De igual forma, fue un triunfo para Venezuela y una nueva cara sobre el podio. En 2012, se habla venezolano en la copa del mundo.

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