miércoles 25 de mayo de 2011

Copa del mundo Mun Gyeong, Corea del sur... a veces no se vuela


Ahhhh, Corea. Lugar de una cultura ancestral, comida exquisita y picante, gente amable, mucho progreso y sede de Gin Gliders.
Llegué a Corea cuatro días antes de la copa del mundo con la idea de entrenar un poco con mi ala nueva, compartir un poco con Gin Seok Song y acostumbrarme al cambio radical de horario.
Me encontré con la tribu de la copa del mundo, gente de todo el mundo con una energía muy especial, ganas de volar y pasarla bien. Pero también me encontré con un clima poco amigable de fuertes lluvias y viento.
Finalmente el viento estuvo “decente” para volar, pero aún así seguía fuerte y se hicieron dos mangas. La primera con condiciones de mucho viento y la segunda con menos viento, pero de una dirección en la que si se estaba bajo, no se disfrutaba.
Mucho viento

Por alguna razón, el cuerpo no me dio para volar. Era algo desde muy adentro que me impedía hacerlo, que me decía que no valía la pena salir a pasar trabajo, por lo que con mucha tristeza me quedé en tierra.
Mi pasión es volar, pero a veces debemos ser humildes y darnos cuenta que la naturaleza es más poderosa y no podemos conquistarla con nuestras frágiles alas de tela e hilos. Me encanta volar, pero también me gusta disfrutar el vuelo.
El parapente es un deporte en el que debemos tomar decisiones constantemente y estar muy concentrados, por lo que si tenemos la mente ocupada en otras cosas es difícil volar bien.
Sin embargo, hay que ver el vaso medio lleno y ver que fue una oportunidad de compartir con gente increíble, conocer un país lejano y diferente al nuestro, y enriquecernos con cada experiencia.
Una vez más, me di cuenta que las copas del mundo son un pequeño programa de intercambio donde pilotos del mundo se reúnen para poner en práctica la tolerancia con un objetivo en común: volar.
Despidiéndome de los amigos